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Ser mujer: el arte de sufrir por pesares ajenos

Escrito por  Liz Martínez Vivero, especial para CubaSí

Ser mujer: el arte de sufrir por pesares ajenos

No tengo detalles precisos que aseguren comportamientos similares en todas las féminas del mundo pero apuesto que ese compromiso no es un asunto nuevo ni de esta sola latitud.

 

“En todo momento de mi vida hay una mujer que me lleva de la mano en las tinieblas de una realidad que las mujeres conocen mejor que los hombres y en las cuales se orientan mejor con menos luces”.

Gabriel García Márquez

Algunas, las más osadas, le llamarán privilegio. Otras, menos optimistas me persuadirán con la palabra castigo para que no siga desentrañando terminologías.

 

Solo una mujer conoce el exacto camino de la manipulación a cambio. A cambio de cariño o de cualquier otra cosa. No es mi propósito denominar qué cosas ahora.

 

Ser mujer no viene con manuales de instrucción, de manera tal que lo aprendes en la medida que lo vas siendo; a prueba de fallos y con el genuino arte de persuadir en uno de los cromosomas X.

 

A nuestra condición, aunque es algo que todavía no experimento se añade el bono extra de ser madre. Se multiplican por mil preocupaciones del tamaño de los hijos, se añaden contratiempos, justificaciones por llegadas tarde; aunque desde los comienzos del mundo la naturaleza dotó a las féminas de permisos universales para llegar tarde.

 

Un hombre no podría explicar los secretos del bolso femenino, donde exactamente todo cabe y nada sobra. Jamás atinaría con precisión dónde están cuando dicen que no piensan en nada ni encontrarían los oscuros rincones donde guardan dolores por momentos inexplicables que se trastocan con el amargo sabor de una lágrima.

 

Ellos jamás entenderían el compromiso, la servidumbre anónima cimentada en los angostos comienzos de la existencia humana porque se es mujer desde que se nace, incluso con el  bono acumulado de cuidar la fiebre primero en las muñecas.

 

No tengo detalles precisos que aseguren comportamientos similares en todas las féminas del mundo pero apuesto que ese compromiso no es un asunto nuevo ni de esta sola latitud.

 

De todas las cuestiones las mujeres dominamos un poco, especializándonos en los menesteres asociados al bien de otros, por encima siempre del beneficio particular. Una mujer es una fiera en defensa de sus cachorros toda vez que se convierte en una lágrima eterna a la hora del sufrimiento, incluso el sufrimiento ajeno.

 

Sin aprenderlo de memoria una mujer conoce secretos vinculados a la seducción, al sentimentalismo. Somos criaturas bipolares, que pasamos del amor al odio, con la facilidad implícita en la tierna confección de un barquito de papel.

 

¡Soy mujer! Grito a viva voz en cualquier tribuna y añado, me enorgullezco de serlo.

 

 

 

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