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Brasil: apuntes para un Golpe

El presidente interino de la Cámara de Diputados, Waldir Maranhão, se retractó de su decisión de aplazar el proceso de impeachment contra la presidenta Dilma Rousseff

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El presidente interino de la Cámara de Diputados de Brasil, Waldir Maranhão. Foto. EPA

El presidente interino de la Cámara de Diputados de Brasil, Waldir Maranhão. Foto: EPA

¿Qué pasará ahora en Brasil? Es la pregunta que se hacen todos. Justo cuando se pensaba que la crisis había entrado en un paréntesis, el presidente interino de la Cámara de Diputados, Waldir Maranhão, se retractó de su decisión de aplazar el proceso de impeachment contra la presidenta Dilma Rousseff.

Este lunes fue convulso en el actual escenario político brasileño. En una movida que tomó por sorpresa a muchos, el diputado por el Partido Progresista anunciaba que acogía un pedido del abogado general del Estado argumentando que hubo “vicios” en el voto del mes pa­sado en la Cámara de Diputados a favor del impeachment. Por lo tanto, pedía al Senado Federal que volviera a discutir en la Cámara Baja las razones que llevaban a apartar a la jefa de Estado.

Un respiro para la defensa de Rousseff, para los seguidores y quienes defienden la democracia. Al­guien con sentido común manifestaba que un proceso cuyo iniciador (Eduardo Cunha) había sido penado y sacado de su puesto político, no podía proseguir. Una persona que no entendía, como varios no lo hicieron, que los centenares de dipu­tados manifestaran miles de razones pero nunca mencionaran el informe de las “pedaladas fiscales” por el que se le acusa a Rousseff. Por si fuera po­co, la inmensa mayoría de los diputados dijeron sentirse “horrorizados” por la corrupción cuando más de la mitad, cerca de 150 están siendo investigados por causas que van desde el lavado de dinero hasta favores políticos. El sitio BBC Brasil precisa que de ellos, 48 tienen acciones penales en curso.

Entre los vicios expuestos por Maranhão mencionó por ejemplo que los partidos orientaron a los le­gisladores cómo debían votar. Cues­tionó además que los congresistas anunciaran días an­tes cómo iban a votar, y que la defensa de Rousseff de­bía estar presente ese 17 de abril cuando 367 diputados dijeron Sí al impeachment y pasaron la discusión del proceso al Senado. En esa Cámara se siguió el mismo guion y el propósito, el su­puesto crimen de responsabilidad contra Rousseff, fue meramente men­cionado por la Comisión encargada de analizar el caso.

La lógica imperó solo por unas horas. La mandataria, conocedora del ambiente en el que se mueve, llamaba a la cautela: “Vivimos una co­yuntura de mañas y artimañas”. En­trada la tarde del lunes, el presidente del Senado, Renan Calheiros, trancaba el dominó y calificaba de “ilegal” la decisión de Maranhão. La oposición amenazaba con ir a la Cor­te Su­prema para que esta se pronunciase sobre el tema. No tuvo que seguir en su teatro ya que en horas de la ma­ñana del martes, el propio Maran­hão, el mismo que pudo ju­gar un papel importante en la trama y pasar a la historia como el hombre con “sentido común” que paró un “sinsentido”, decidió su­mar­se a la co­rriente conservadora y quedar en un segundo plano. Un papelazo, podrían pensar algunos.

Es en el Senado donde, al parecer el proceso continuará, aun cuando el Supremo Tribunal Federal puede anularlo. Para este miér­coles está pre­visto que inicien las discusiones en el pleno del senado. Si una mayoría simple (41 senadores, de 81) votara a favor del impeachment, Rousseff sería apartada de su cargo por 180 días y sería juzgada por presunto delito de responsabilidad fiscal. Los debates pueden tomar de dos a tres días. La Constitución establece que las riendas del país las asumiría el vicemandatario Michel Temer.

Si la oposición ha dado guerra en estos casi cinco meses de crisis política, la defensa de la Presidenta no se ha quedado atrás. El abogado general de la Unión, José Eduardo Car­do­zo, anunció este martes que recurrirá al Supremo Tribunal Fede­ral para anular, de una vez y por todas, el proceso contra la gobernante.

En esta turbulencia que no parece tener fin hay una élite política con una fuerte presencia en el Congreso presionando y que no va a ceder. La misma se alió con el Partido de los Trabajadores (PT) en momentos en que el precio de las materias primas experimentaba un boom que dio paso a una economía en crecimiento y se tradujo en programas sociales que mejoraron notablemente la calidad de vida de las personas. Los in­tereses de ese pequeño, pero po­de­roso grupo, no fueron tocados.

Sin embargo, cuando en el 2014 Rousseff asumió su segundo mandato los indicadores económicos es­taban por el piso y se hacía necesario aplicar un plan de ajuste moderado. Esa nueva clase media que el PT había sacado de la pobreza demandaba más y mejores condiciones. A pesar del malestar, 54 millones de brasileños decidieron por la continuidad de un Gobierno que no escatimó nunca para ayudar a los po­bres. Esto le dio pie a la clase poderosa para argumentar que se estaba “despilfarrando” dinero al ayudar a los desposeídos. En el Congreso bloquearon cualquier propuesta legislativa y con ello impedir la gobernabilidad.

MOMENTO DE DEFINICIONES

Sobre el futuro político en el gi­gante sudamericano, Granma dialogó vía correo electrónico con el analista político argentino Juan Ma­nuel Karg, quien consideró que el mismo es el de “un Brasil notoriamente convulsionado, con un presidente de facto, como Michel Temer, que ni siquiera aparece en las encuestas de cara a la elección presidencial del 2018”.

“Las organizaciones sociales, po­líticas y sindicales nucleadas en el Frente Brasil Popular ya anunciaron que considerarán ilegítimo al go­bierno de Temer.

Eso puede provocar movilizaciones en diferentes ciudades del país, tal como ha venido sucediendo ante el impeachment en curso”, aseguró el politólogo de la Universidad de Buenos Aires.

Respecto a la idea manejada por algunos especialistas de que una salida de la crisis sería la renuncia de la Presidenta y la convocatoria a elecciones anticipadas, Karg estimó que “la derecha no quiere esta vía, ya que tanto el PMDB (Partido del Movimiento Democrático Brasile­ño) como el PSDB (Partido de la Social Democracia Brasileña) están mal posicionados en los diferentes sondeos. Por eso han preferido un acuerdo de cúpulas, que le garantice a Temer el gobierno, con un gabinete con poderío del PSDB, para que el actual vicepresidente no se presente en el 2018, allanando el camino a los tucanos (PSDB)”.

“Ese acuerdo palaciego deja un gran ausente en Planalto: el pueblo brasileño”, afirmó.

El también investigador del Centro Cultural de la Cooperación de Argen­tina y Becario Doctoral, agregó a este diario que “la gran enseñanza de lo que sucede hoy en Brasil es que la derecha regional va por todo”.

“Si en algún momento hacía distinciones entre ‘modelos’ de la iz­quierda latinoamericana, poniendo a Lula como el buen ejemplo frente a Chávez, aquello se terminó. Este año irán tanto contra el PT como contra el PSUV venezolano”, acotó.

El analista político reitera que este “es un momento de definiciones en América Latina” en el cual “la derecha latinoamericana intenta retomar el poder político perdido a inicios del siglo en curso en diferentes países”. No obstante, expresó que “no todo está definido: la izquierda aún gobierna en más de diez países de la región y la derecha sabe que solo cayendo Bra­silia y Caracas podría tener una nueva hegemonía regional”. Un es­cenario que, a su juicio, “buscan por cualquier vía”.

 

 

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