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EL CHE Y SU PASIÓN POR EL DEPORTE

 

 

Leyenda y paradigma en el mundo de los luchadores revolucionarios, el comandante guerrillero cubano-argentino Ernesto Guevara de la Serna fue también aficionado
y practicante de varios deportes. 

Pese a la desventaja que significaba el asma que padecía, el hombre que pasó a la historia como Che practicó y se interesó por disciplinas deportivas tan diversas como
el ajedrez, alpinismo, atletismo, béisbol, boxeo, ciclismo, esgrima, fútbol, golf, pelota vasca, natación, clavados, rugby, tenis de mesa, pesca deportiva, tiro, softbol, motociclismo y aviación.

En México, varias veces intentó escalar la cima del Popocatépetl, el segundo volcán más alto de ese país, con una altitud máxima de 5 500 metros sobre el nivel del mar, hasta
que finalmente logró su objetivo de “verle las amígdalas a la Pacha Mama”, como escribió en una carta que envió a su madre en 1955.

La historia también recoge que a los 11 años de edad el pequeño Ernesto conoció de la existencia de Cuba gracias al genial ajedrecista y excampeón mundial José Raúl Capablanca, ganador de la medalla de oro en el primer tablero en la Olimpiada Mundial celebrada en Buenos Aires, capital de Argentina, en 1939.

Durante la lucha revolucionaria en la Sierra Maestra, el mítico Comandante guerrillero cargó siempre con un pequeño juego de escaques con piezas rústicas, para entretenerse en los pocos ratos libres que le dejaban aquellos ya lejanos días de recios combates y
difíciles marchas entre montañas y llanos por la libertad de Cuba.

Una vez que triunfó la Revolución cubana, en 1959, su pasión por el ajedrez le hizo ser el precursor del Torneo Internacional José Raúl Capablanca in Memoriam, el segundo evento más antiguo del juego ciencia en el mundo, después del de Hastings, en Inglaterra.

El ya desaparecido Eleazar Jiménez, maestro internacional y varias veces campeón nacional de la Isla, recordaba que al Che le gustaba mucho el rapid transita cinco minutos y era frecuente que al concluir las sesiones de esos torneos se sentara con algunos trebejistas cubanos o extranjeros para jugar esas partidas.

Así, el Che entabló en 17 movimientos con el Gran Maestro polaco-argentino Miguel
Najdorf, campeón del primer Capablanca, y también logró enfrentar a través de esas lides a los monarcas mundiales soviéticos Vasili Smyslov, Borís Spaski y Mijaíl Tal.

Se dice que su estilo de juego era intuitivo, nada de rebuscamientos teóricos ni apegado a los libros de aperturas. Se inclinaba por el táctico, basado en movimientos activos, audaces, pero claros, sobre base firme; prefería el juego de ataque al posicional.

El Che impulsó en Cuba la práctica masiva del ajedrez, sobre todo entre niños y jóvenes, y al igual que el genial Capablanca, opinaba que debía ser parte del programa escolar.
Y pese a sus ingentes tareas y responsabilidades como Ministro y dirigente, entre otros cargos, solía inscribirse en torneos de clasificación y participaba desde la base hasta la primera categoría.

Por esas razones, la Federación Internacional de Ajedrez le otorgó en 2001 al Che la distinción de Caballero y lo incluyó en su Libro de Oro.

También fue un apasionado desde su infancia de la natación, un deporte en el cual su familia buscó un alivio para el asma. A su vez, gustaba del ciclismo y de las carreras a campo traviesa.

Muy conocidos son sus viajes por Centro y Suramérica junto con su amigo Alberto  Granado sobre una motocicleta Norton de 500 centímetros cúbicos, una experiencia de vida que marcó para siempre su visión social y política de la realidad de los pueblos de
América Latina.

Fuser, sobrenombre con el que era conocido en el rugby, surgió de la abreviatura de “furibundo Serna”, un mote que él mismo se puso y utilizaba gritando cuando iba con la
pelota: ¡furibundo Serna al ataque!

Hizo todo lo posible para que el asma no lo dejara fuera de las canchas de fútbol. Cuentan que se desempeñaba como portero la mayoría de las veces, un puesto
que le exigía menos movilidad y lo mantenía cerca del inhalador.

Sus vínculos con el béisbol surgieron apenas se enroló en el grupo de revolucionarios
cubanos encabezados por el líder histórico de la Revolución, Fidel Castro Ruz.

Según historiadores como William Gálvez, el acercamiento comenzó poco antes de la expedición del yate Granma y creció durante la guerra revolucionaria en la Sierra Maestra, quizás estimulado por su gran amigo y también legendario comandante Camilo
Cienfuegos, un ferviente simpatizante y jugador del principal pasatiempo nacional.

Igualmente, el Che fue un excelente periodista deportivo, como muestra la cobertura que realizó de los II Juegos Panamericanos de México en 1955, como fotorreportero de la argentina Agencia Latina, y sus notas con el seudónimo de ”Changcho“ para la revista Tackle, que él mismo fundó en su país, dedicada al rugby.

Así, si se evoca al Che como combatiente revolucionario, médico, ministro, economista,
estadista y diplomático, también hay que rememorarlo como amante de los deportes.

Por: Prensa Latina

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