Deja un comentario

El “truco” de las vacunas cubanas

La revolución de las vacunas cubanas - El Orden Mundial - EOM

La ciencia, de por sí, es sensacional. Por tanto, no hay que hacerla sensacionalista. De manera que aun cuando se cuestione, si hay buena investigación detrás, saldrá a la luz toda su grandeza.

De hecho, la mejor contribución que puede hacer el llamado periodismo científico al verdadero conocimiento, es debatir públicamente todas las dudas que pueden estar mosqueando en torno a un nuevo producto o procedimiento salido de los cerebros.

Es que se trata, al fin y al cabo, de un notable esfuerzo que hacen los investigadores, pero solo posible si pueden contar con fondos que directa o indirectamente proceden de los ciudadanos. Y son estos los que al final recibirán en sus vidas ese progreso y únicamente con su felicidad se constatará la genialidad de los autores.

Las vacunas contra la covid-19, entre ellas las cubanas, son un buen ejemplo y para lograrse un puñado de estas, sus creadores han tenido que abrirse paso más allá de los fermentadores.

Los científicos, como nunca desde Babilonia, se han visto obligados a sacar de una chistera sus propuestas vacunales, incluso con una premura que los ha forzado a reconsiderar las sensatas pausas tradicionales de la experimentación, a riesgo de hacer el ridículo.

Como si no fuera suficiente la presión, la asepsia del medicamento ha tenido que evitar, además de gérmenes, los efectos nocivos de manipulaciones políticas y codicias económicas, tanto como sortear las sombras de la seudociencia, la “luz” oscurantismo y hasta un inusitado movimiento antivacunas, llevado a cabo por miles personas –muy saludables, dígase todo, gracias a que llevan en su brazo la marca de las inmunizaciones que reciben al nacer.

La crueldad mediática exhibida contra el inyectable AstraZeneca, por haber manifestado reacciones de trombosis en algunos casos, permite hacernos una idea de que a las vacunas cubanas no se les perdonaría ni el más leve contratiempo (lo sucedido con la anglosueca, por cierto, no demuestra que el producto no sea seguro, y sí que de momento es inviable comercialmente).

De manera que los nuestros institutos han tenido que dedicar mucho más tiempo a explicar –a la opinión pública, además de a las autoridades regulatorias– en qué basan sus afirmaciones sobre la seguridad que ofrecen sus vacunas para abanicar nebulosas y, de paso, sacudir la costra de malas intenciones de algunos elfos.

Esto, pensándolo bien, es lo mejor que puede estar pasando. La ciencia es un bien común y su triunfo debe ser contundente, no impuesto por intereses o metas de pisar, antes que otro pie, la Luna. Tal vez, por ello, justo con la pandemia ha sobrevenido el momento del debate sobre la liberación de las patentes, con todas las contradicciones éticas y económicas que argumentan el asunto.

Para demostrar la seguridad de las formulaciones criollas no ha sido suficiente exhibir el currículo de innovación del país, cuya experiencia en producción de antígenos y productos médicos y biotecnológicos habla de la robustez de su industria farmacéutica.

Sin embargo, la pericia alcanzada es la primera póliza que tiene la población para sentirse tranquila, pues las tecnologías utilizadas para desarrollar los preparados anticovid son esas que bien dominan los artífices de los laboratorios habaneros. Nada de ponerse a “inventar” o aprehender otras técnicas, que el tiempo apremia.

Para hacer el candidato vacunal Soberana 02, digamos, los científicos del Instituto Finlay acoplaron fragmentos de la proteína del pico del coronavirus a una forma desactivada de la toxina del tétanos. El secreto, si se quiere ver como tal, es una vacuna “conjugada”, que une un antígeno más débil con uno más fuerte para asegurar una respuesta inmune vigorosa.

El truco, pues, es apostar a lo que bien se domina, así como apegarse éticamente a los resultados y con la mayor transparencia.

Como los más renombrados magos modernos, que embelesan mejor con su argucia que con prestidigitadoras palabras en idioma avéstico, y que hacen su acto sin mangas, sin humos y a plena luz.

Por TONI PRADAS

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: