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“Miami es dirigida por una mafia cubana”

Por Álvaro Fernández, publicado en Progreso Semanal. 

Es septiembre en Miami. El calor está en 90 y pico de grados, pero es la humedad la que hace que uno sude después de una ducha. También está el caso de un pequeño grupo de cubanos sobrecalentados, dirigidos por un grupo aún más pequeño de políticos, hechos un número ocho. Están indignados por las palabras pronunciadas el mes anterior por el nuevo jefe de la policía de la ciudad. Art Acevedo, un cubano-americano de California que se hizo cargo del departamento en abril, dijo durante una reunión de los policías y otros empleados que “Miami está dirigida por la mafia cubana”.

Acevedo no tiene idea de cuán acertadas suenan sus palabras. ¿Y el pequeño grupo que reaccionó y protestó por la comparación con la mafia?

En la película El Padrino, hay una escena que muestra a un comité senatorial que investiga el crimen organizado, donde Michael Corleone se queja de que ha sido acusado injustamente de ser un mafioso y que merece una disculpa pública. Los cubanos molestos de Miami en nuestra historia, colectivamente, podrían haber hecho el papel de Michael en esa película, interpretado por Al Pacino.

Esos mismos cubanos lagrimosos de Miami han olvidado convenientemente que en los años 1950 y tantos, justo antes que Fidel Castro derrocara a Fulgencio Batista, Cuba estaba gobernada por una alianza corrupta del gobierno de Batista y la mafia. A lo largo de los años, muchos de esos cubanos que ahora viven como ciudadanos estadounidenses —los hermanos Díaz-Balart, por ejemplo, progenitores de aquel régimen de Batista— han logrado reescribir la historia y crear una Habana mítica donde todo era perfecto … hasta que irrumpió Fidel.

También hay algunos miembros de la Brigada 2506 que fracasaron en su invasión de Cuba y pasaron tiempo encarcelados en la isla. Después de su liberación y bajo el liderazgo de José Miguel Battle, un ex policía de Batista, formaron lo que se conoció como La Corporación, una organización delictiva cubano-americana que trabajaba con la mafia italiana y recaudaba ganancias de los juegos de azar, el tráfico de drogas y otras empresas ilegales, según documentos judiciales. El asesinato también estaba en su menú.

[Para obtener más información sobre la inmersión cubano-americana en el inframundo criminal, lea dos libros escritos por el autor de crímenes organizados más vendidos, T.J. English: Havana Nocturne  y The Corporation.]

La mafia de Miami

El señor Battle comenzó La Corporación en Union City, Nueva Jersey. Pero como casi todo lo relacionado con Cuba en Estados Unidos, él y otros miembros del grupo delictivo terminaron en Miami. Fue el dinero de La Corporación, junto con los fondos de la CIA y dinero de los cubanos entrenados por esta e involucrados en el negocio de la droga, lo que primero ayudó a financiar las incursiones en Cuba en su intento de derrocar al gobierno de Castro.

Esto fue la génesis de la mafia de Miami. Desde el principio, el debate político o una perspectiva o expresión considerada un milímetro a la izquierda del pensamiento establecido podía  resultar en intimidación, pérdida de empleos, violencia e incluso la muerte del “izquierdista”. En 1987, Louis Salomé, editor del ahora desaparecido periódico Miami News, lo describió de esta manera: En Miami “la libertad de participar en el debate político sin miedo ni intimidación fue secuestrada por algunos cubanos de derecha”.

Busqué la palabra “mafia”. La definición hacía referencia a los sicilianos e ítalo-americanos ––lo que la mayoría conoce y ha visto en las películas. Pero también existe esta acepción: “Cualquiera de varias organizaciones criminales similares, especialmente cuando está dominada por miembros de la misma nacionalidad”.

Sí hay una mafia cubana de Miami; han gobernado la ciudad desde que Ronald Reagan les dio la(s) llave(s) en los años 1980 y tantos. En los años 1990 y tantos se habían vuelto tan poderosos, de hecho, que la institución más influyente de la ciudad en ese momento, el diario The Miami Herald, tuvo que someterse a sus deseos. Esto es lo que el Washington Post dijo al respecto en 1992:  

“Los organismos de control de la Sociedad Interamericana de Prensa generalmente se preocupan por la difícil situación de los periodistas explotados en lugares como Bogotá.

“Así que no tenía precedentes que el grupo enviara un equipo [a Miami] para investigar la guerra de palabras que se libra entre el editor anglosajón del Miami Herald y un prominente empresario cubano-americano que ha cubierto los costados de 60 autobuses urbanos con letreros amarillos que rezan: ‘Yo No Creo en el Herald’ [y] ‘No le creo al Miami Herald’”.

“Se han sido untado excrementos en los estantes de los periódicos. Se han puesto carteles que acusan al periódico de ser vocero oficial del Partido Comunista. Incluso ha habido amenazas de muerte contra el editor del Herald, aunque se han defendido como simples ‘llamadas en broma’”.

El Herald ya no ejerce la influencia que alguna vez tuvo. En cuanto a la mafia cubana en Miami,  son más sofisticadas, pero igual de mortales. Y sus tentáculos ahora llegan incluso a los departamentos de policía de la ciudad. ¿Y qué de los políticos que aullaron y se quejaron de que encontraron ofensivos los comentarios del jefe Acevedo? Muchos de los politiqueros cubanos de Miami han utilizado el tema de Cuba para promover sus carreras encandilando a sus votantes para que crean que Fidel todavía los persigue en el sur de la Florida. Hay casos de políticos formalmente acusados de delitos que ganaron reelecciones jugando la baraja de Cuba. ¡Y muchos otros que han violado las leyes, pero ––como ilusionistas––, enarbolan el sambenito del comunismo y agitan a los votantes para que olviden el hecho de que están votando por un delincuente!

Los políticos de Miami ahora quieren despedir a un jefe de policía que hizo una declaración insensata. Primero, algunas de estas personas nunca quisieron a Acevedo en primer lugar. En segundo lugar, aquí vienen los ilusionistas de nuevo. Miami tiene problemas mucho más grandes que un jefe de policía que hace un comentario estúpido. Pero el jefe les ha dado una oportunidad para criticarlo, y posiblemente pedir su destitución. Si logran hacerlo les costará caro a los contribuyentes de la ciudad para compensar al jefe de policía despedido sin razón válida.

Si estos desvergonzados “líderes  políticos” ––algunos de ellos parte de la mafia cubana––, fueran honrados con sus votantes, tendrían que admitir que Miami está dirigida por esa misma mafia que ha afectado la vida de muchos a lo largo de los años. Un grupo que ha estancado el progreso de Miami, en beneficio de solo unos pocos.

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