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Abrázame muy fuerte

Cuando le comenté a mi madre que quería escribir algo sobre el regreso, al fin, de los abrazos, le salió del alma una frase: «¡Ay, sí, qué rico!», y protestó con no menos vehemencia: «hay quien dice que eso debería eliminarse, pero sería como eliminar los sentimientos, ¡imagínate tú!»

En marzo de 2020, abrazar, besar, hasta acercarte a las personas, por más familiares que fueran, se convirtió en un riesgo enorme. Era una cuestión de responsabilidad, de cuidarnos y cuidar a los otros. Recuerdo que en la escuela de mi hija se inventaron un saludo que, además del puño, chocaba los pies; creo que fue un intento por sentirse menos lejos.

En Cuba, generalmente somos cariñosos, besuqueones, expresivos, espontáneos, «abrazadores»; a veces tanto como el sol desinhibido de este lado del mundo, cálidos como nuestro clima, afectivos, en fin… que aquellos imprescindibles dos chamaquilis y medio de distancia los asumimos porque era una cuestión de vida o muerte, pero gustarnos, me atrevo a decir que no nos gustaron para nada.

Han pasado casi treinta meses y entre tres y cinco dosis de vacunas (alrededor del 90% de la población cubana ha sido inmunizada, la mayoría con las vacunas nacionales, Abdala y Soberana). Hasta los más pequeños de casa ya han podido recibir los inmunógenos producidos, contra viento, marea, en el país para el que Fidel forjó un futuro de hombres de ciencia, así que muchos, sin excesos, pero con ansias, hemos ido volviendo a los abrazos.

A veces nos acercamos tímidamente. ¿Les ha pasado que se quedan a mitad del gesto, como esperando una señal? Es que han sido tiempos demasiado duros y tiene sentido que para algunas personas el miedo de abrazar permanezca y, bueno, dice la sabiduría popular que «es mejor precaver que tener que lamentar». 

Sin embargo, es tan curandero un buen abrazo: reduce el estrés, mejora la frecuencia cardiaca, disminuye la presión arterial, ayuda a combatir la ansiedad, el miedo y la baja autoestima. Así lo reportan algunos estudios científicos publicados en Internet.

También estos abrazos de la nueva normalidad cargan varios significados adicionales: tienen cierto sabor a victoria, nos recuerdan que después de tanto, seguimos aquí y es un regalo estar y reencontrarnos, y que pequeños placeres como ese de sentir la piel de la gente que amamos tienen un valor enorme.

Es absolutamente comprensible y definitivamente respetable la decisión de quienes prefieren evitar el contacto físico para reforzar otras medidas higiénicas a las que sí no podemos renunciar, pero lo que es a mí, familia, amigo, compañera… abrázame muy fuerte.

Autor: Giusette León García

Tomado de CubaSí

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