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Conozco un padre hasta el final

En cuanto vi la campaña en las redes sociales Conozco a un padre desde el principio (relacionada con la aplicación móvil de igual nombre, que persigue promover el involucramiento equitativo en el cuidado, la crianza y la educación de los hijos de padres y madres) me sumé, porque sí, conozco muchos padres desde el principio, hombres que no dudaron un instante en asumir su responsabilidad parental y acompañaron la gestación, el nacimiento, vaya, que no amamantaron porque la naturaleza no les dio esa oportunidad, pero no necesitaron abuelas para lavar culeros y cocinaron los mejores puré para bebé del mundo mundial. 

Uno no, conozco muchos padres desde el principio y los admiro, los felicito, por supuesto, cada tercer domingo de junio. Sin embargo, la paternidad es un camino largo con muchos escollos, así que como hija y como madre siento que el mérito definitivo está en quedarse y conozco muchos que lo han hecho, que lo hacen todos los días, conozco un padre hasta el final, afortunadamente no uno, muchos, comenzando por mi abuelo y mi padre (no el de sangre, por cierto, mi padre de verdad, el abuelo de mis hijos).

Padre soltero

Conozco un muchacho que se enteró un buen día de sus veinte años que sería papá. Una barriga de seis meses era para aquel estudiante universitario toda una encrucijada. La ex novia, más joven que él, por inmadurez, por miedo, por falta de apoyo, quién sabe por cuántas razones, no detectó a tiempo el embarazo y allí estaba, entera y verdadera, latiendo con una fuerza increíble, la que sería luego la niña de los ojos de papá, abuelo, tía…

Nació y otro día (todavía en la segunda década de su vida), la niña que llegó por sorpresa se quedó para siempre en la casa del padre. Tampoco erró el camino en esta encrucijada, fue convirtiéndose con algunos tropezones y el acompañamiento de toda su familia en un excelente padre soltero.

Papá tiene un novio

La verdad, ella nunca dijo eso, de hecho creo que no hizo falta explicarle que el tío que le desenredaba el pelo y le hacía moños como podía, era el novio de papá. Fue fácil porque no hubo fracturas, ella tenía dos casas, una mamá y casi dos papás que, por cierto, eran todos amigos y no hacía falta celebrar doble cumpleaños o disimular algún afecto.

Todo parecía tan natural que la niña creció y se hizo una mujer feliz, lista para vivir a plenitud. Se fue con su padre a otro país, pero no «abandonó» a su madre, esa palabra es imposible cuando los lazos se amarraron tan bien desde el respeto y el amor. 

Padres divorciados

De estos, podría contarles sobre muchos, muchísimos que entendieron bien el contrato del divorcio y se separaron de las esposas, pero no de los hijos. Está el vecino que cuando formó una nueva familia no dejó de levantarse todas las mañana a tiempo para recoger a la hija mayor y llevarla a la escuela; el padre de mi amiga, que no vivía con ella pero siempre estaba presente; este amigo que se enamoró a miles de kilómetros, pero no se va a dormir sin hablar con sus niños cada noche..

Padres hasta el final

Me encantaría un marco de Facebook y mucha fiesta para ellos, para los que no dejan margen a esas frases locas de «fulanita es padre y madre» o «padre es cualquiera». Para esos que son padres desde el principio y están encantados de quedarse hasta el final.

Autor: Giusette Laón García

Tomado de CubaSí

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