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Tic, tac

Nuestros enemigos saben que somos los únicos amos del tiempo revolucionario. Foto: José M. Correa

Tarde en la noche, me dicen que en Pinar del Río «pasó algo». Reviso los medios oficiales y no hay nada. El link que me hacen llegar es de un «influencer» contrarrevolucionario, muy activo a esa hora, que replica una directa. «Empezamos mal», me digo, y veo el video: una buena cantidad de personas está gritando y haciendo sonar cazuelas. Por la oscuridad no se define cuántos son, pero se escuchan las malas palabras y alguna que otra «consigna» contra el Gobierno. Hay apagón en el municipio pinareño de Los Palacios y varios de sus habitantes están en la calle.

No hace mucho, en una publicación de Facebook, el periodista Lázaro Manuel Alonso alertaba sobre la crítica situación energética: la Unión Eléctrica confirmaba un déficit de 779 mw. Las condiciones eran particularmente complejas en Pinar del Río, según informaba el Director de la Empresa Eléctrica allí. A ello se sumó, al decir de funcionarios del territorio, afectaciones por una tormenta local. Lógica y tristemente, se dieron apagones con demasiada frecuencia y demasiada duración.

Enseguida, los de siempre se articularon para darle toda la exposición a aquel momento. Compartían las directas, videos que básicamente eran lo mismo pero estaban grabados desde distintos teléfonos y ángulos; comentaban en vivo lo sucedido y preguntaban, con frenética y ávida actitud, si se estaba dando lo mismo en algún otro sitio del país. Como en el 27 de noviembre de 2020 o el 11 de julio de 2021, la  contrarrevolución sentía que aquello era el chispazo definitivo y daba rienda suelta a todo el malsano optimismo de ver realizados sus deseos sin tener que actuar de forma directa, sino a través del proxy seguro de los que vivimos en Cuba y padecemos todos sus problemas.

«Tic, tac», repetían muchos, como si fueran el cocodrilo que acosaba al Capitán Garfio. «Tic, tac». El reloj del «cambio» anunciaba que la hora había llegado, como tantas otras veces. «Tic, tac», escribieron en publicaciones y tuits, como si se acercara algo definitorio, como si los días del socialismo estuvieran contados. «Tic, tac».

Y no, volvieron a fallar: el agua volvió a tomar su nivel. En los videos que tanto se divulgaron se veía a los dirigentes, esos «malvados burócratas», esos «insensibles sátrapas», rodeados por la multitud, codo a codo con personas muy molestas, que llegaban a gritar obscenidades e insultos. Estoicos, explicaron el porqué de aquella situación, trataron de disuadir y convencer.

Con todo y las ansias de sangre que se les adivinaban a nuestros enemigos, quienes lanzaban consejos de guerrilla, como si en Pinar del Río se estuviera produciendo un alzamiento en armas, no hubo tiros ni masacre ni represión. La gente fue regresando a sus casas sin tener que huir de gases lacrimógenos o tropas antimotines.

¿Quiere decir eso que podemos dormir tranquilos? Por supuesto que no. Estamos cometiendo errores y estamos siendo poco hábiles a la hora de asumir y tratar de resolver esta crisis, inducida, por encima de todas las cosas, por el recrudecimiento de las sanciones estadounidenses, la pandemia y la geopolítica internacional, pero que requiere de toda nuestra inventiva, de todo nuestro talento para que salgamos adelante.

No puede ser que la narrativa de lo que sucedió en Pinar del Río sea patrimonio exclusivo de nuestros enemigos, que tengamos que acudir a ellos para saber qué está pasando. No podemos seguir dando información desde el tecnicismo, sino brindar con transparencia los datos que importan al pueblo. A veces no es el apagón lo que más molesta, sino la incertidumbre de sus causas, la brusquedad insoportable de su inesperado advenimiento.

«Tic, tac», repiten nuestros enemigos, entusiasmados. Pero en el fondo saben que la suerte de esas manecillas no depende de ellos, sino de nosotros. Somos los únicos amos del tiempo revolucionario. Tratemos de estar a la altura.

Autor: Michel E. Torres Corona | internet@granma.cu

Tomado de Granma

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