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El Moncada, símbolo

Algunos están muy interesados en que el pueblo de Cuba se sumerja en la apatía, el desaliento, la desesperanza. No hay futuro, dicen. Otros insisten en estimular y promover actos de desobediencia para acabar con el sistema político y social imperante, que es, en definitiva (y asumiendo incluso los obstáculos y dificultades), un coherente proyecto de nación. Y otros voceros, partiendo de la manipulación y el desconocimiento de los procesos históricos, pretenden descontextualizar hechos de nuestro devenir para justificar esos mismos llamados al caos.

La gesta del Moncada tiene un extraordinario valor simbólico para el pueblo cubano; significó la rebelión ante la infamia, ante el despropósito y la explotación a los que una dictadura sometía a un pueblo. No fue una estratagema de fuerzas e intereses externos. Fue una acción con un programa. Y el alegato de Fidel Castro ante sus jueces era la muestra. La historia absolvió al líder de la Revolución.

Ciertos paralelismos son tendenciosos y malintencionados. Burdas manipulaciones. Hay quien, en las redes sociales, ha querido comparar las condenas a los moncadistas con las de los autores de los actos vandálicos del 11 de julio de 2021. Pretenden hacer notar la supuesta benevolencia del tirano Batista. Olvidan dos detalles importantes: buena parte de los asaltantes a los cuarteles no llegó al juicio: fueron salvajemente asesinados por las fuerzas del régimen, después del combate. Lo otro: la salida de Fidel y sus compañeros de la prisión se consiguió después de un fuerte movimiento popular, que forzó una amnistía.

No hay comparación posible. El Moncada fue el preludio del triunfo de una Revolución auténtica. El 11 de julio se escenificó una provocación muy bien articulada por los que pretenden una restauración capitalista en Cuba.

No podrán arrebatarles a los defensores del socialismo en Cuba el símbolo del Moncada, la celebración gloriosa de la rebeldía de un pueblo. Hay razones para festejar y la primera es que estamos aquí, defendiendo un proyecto que no es perfecto, pero que es el único que garantiza la mayor justicia posible para todos. Mucho hay que trabajar. No podemos renunciar a esa aspiración: la dignidad plena del hombre. Fue la aspiración de Martí, el autor intelectual. Fue la de sus discípulos, los mártires y héroes del 26 de Julio.

Tomado de CubaSí

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