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La sabiduría es la recompensa de saber escuchar

Cada vez resultan más cotidianas esas escenas en que alguien habla y más de un interlocutor revisa el móvil, envía mensajes y hasta con disimulo sale del lugar y habla por teléfono.

Aprender a escuchar a las otras personas, por más que no estemos de acuerdo con lo que ellas dicen o tengamos interés en otra cosa, tiene que ser una de las cuestiones básicas de nuestro desenvolvimiento.

Son frecuentes las distracciones que aparecen en una conversación o cuando participamos en una reunión, bien sea del trabajo o hasta en el propio seno familiar. Prestar oídos  implica hacernos sensibles a lo que la emoción y el cuerpo del que habla nos están mostrando.

El contexto en el que se desarrolla la actividad humana, cada vez más acelerada, nos da la sensación de que no tenemos tiempo para escuchar.

Muchas veces no dejamos que los demás expongan sus puntos de vista y nos oponemos agresivamente a cualquier cosa que digan, olvidando así una importante norma de convivencia social.

Resulta imprescindible interesarse por las ideas del interlocutor, aprender a oir a las otras personas, por más que no estemos de acuerdo con lo que ellas dicen, tiene que ser una de las cuestiones básicas de nuestro quehacer.

Aquel que es buen oyente sobresale. Es que, además de atender, demuestra que tiene la capacidad para saber tolerar las críticas y las voces discordantes. Todo parte del respeto, el entendimiento y la serenidad mental.

Solo aquel que está preparado, sabe aceptar a los demás, incluso sus prejuicios, exageraciones y otras cosas que mucha gente no toleraría.

Por eso es fundamental el hecho de aprender a escuchar, controlar los silencios, permitir que la otra persona se exprese, y estar atentos a sus gestos y expresiones.

Vale reconocer que nuestro día a día transcurre entre celulares, chats, mensajes de voz, de texto, correos electrónicos y otras muchas formas de contacto interpersonal que, por su insistencia y exceso, a veces terminan por desconectarnos de los otros, y transformarse en ruido más que en
comunicación.

Prestar atención es un poder que nos permite conocer a los demás, equivocarnos menos, y ganar amigos y oportunidades.

Tienen plena vigencia las palabras del escritor Mark Twain, quien puntualizó:  “La sabiduría es la recompensa que obtienes por toda una vida de escuchar cuando hubieras preferido hablar”. 

Autor: María Elena Balán Sainz

Tomado de CubaSí

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