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En vez de «porque lo digo yo»

Foto: tomada de es.123rf.com

—Pero, mamá, ¿por qué tengo que bañarme ahora?
—Porque lo digo yo y se acabó.

Que levante la mano el que no haya escuchado o protagonizado un diálogo semejante. Desde tiempos inmemoriales, esas y formas semejantes de imponer normas de comportamiento tienen cabida puertas adentro de los hogares.

Así sucede, y casi siempre desde el más genuino y profundo amor filial, buscando lo mejor para los hijos, nietos o sobrinos, pero en ocasiones porque es lo más fácil, o porque la paciencia del adulto se acaba, o porque así le educaron a él, sin tantas explicaciones, «y mírame aquí».

Foto: Pinterest

En consecuencia, al dar una indicación, no son pocas las veces que se reiteran explicaciones como «lo haces, te guste o no», «porque sí», «porque no», «porque lo digo yo», «porque tienes que hacerlo y punto»…

Pero si la aspiración es formar individuos que tengan criterio propio y respeten el ajeno; que reaccionen no a la imposición, sino a la razón, responderles así no equivale a sembrar las semillas que den esos frutos.

Por esos y más motivos, se alienta a cultivar en casa la llamada crianza positiva.

No es, en realidad, un término nuevo, pero de un tiempo a esta parte se insiste en el tema. Sobre todo a partir de que la pandemia trastocó nuestras vidas, incluyendo las dinámicas familiares, entidades como Unicef han subrayado lo valioso de este concepto.

«El estilo de crianza positiva se basa en el respeto a los hijos, en criar con amor y, sobre todo, en hacerlo a través de una conducta no violenta. Profesionales de la psicología en Cuba brindan apoyo a las familias para llevar a cabo la crianza de niños, niñas y adolescentes en este contexto y sobrellevar las situaciones diarias con menos estrés y ansiedad». Así recordaba Unicef Cuba mediante la red social Facebook en febrero de 2021, cuando la COVID-19 nos tensaba todas las cuerdas.

Foto: Yoan Pérez / Escambray

Ahora la situación epidemiológica es diferente, pero igual resulta muy útil seguir subrayando la importancia de la crianza positiva, que para nada es sinónimo de «dejar hacer» sin límites ni controles y con una total permisividad, mas tampoco tiene nada que ver con los autoritarismos excesivos y, mucho menos, con la violencia en sus distintas manifestaciones.

Aportarle al niño cierta autonomía y participación en algunas decisiones, considerando lo adecuado para su edad y para el contexto familiar, se ubica entre los caminos que propone esta crianza positiva.

La representación de Unicef en Cuba invitaba a «aplicar estrategias de crianza positiva para establecer vínculos afectivos asertivos, sólidos y libres de violencia; definir límites que permitan el pleno desarrollo del niño, potenciar sus capacidades y ofrecer reconocimiento y orientación desde el respeto de sus derechos».

Así puede leerse en el prólogo al libro Bienestar psicológico de niños, niñas y adolescentes, de la profesora de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana Roxanne Castellanos Cabrera y que fuera presentado el mes pasado en la capital cubana.

La finalidad del volumen es, precisamente, orientar a las familias en ese tipo de crianza de acuerdo con nuestra realidad concreta, y así tributar a la creación de vínculos afectivos asertivos, sólidos y libres de violencia. A la vez, también ayudar a definir límites que propicien el pleno desarrollo del niño, potenciando sus capacidades, reconociendo sus logros y orientándole desde el respeto a sus derechos.

Sucede que solo desde una crianza positiva es posible potenciar en verdad la autonomía del niño, su autoestima y también contribuir a la formación de su identidad, a que se sienta seguro, respetado y amado.

A continuación, resumimos algunos de los consejos contenidos en el volumen Bienestar psicológico de niños, niñas y adolescentes, que puede descargar completo aquí.

– Que nuestros hijos sepan que siempre estaremos orgullosos de ellos. A veces, en el afán de impulsarlos a ser mejores, los hacemos sentir por debajo de nuestras expectativas. Eso les hace mucho daño.

– Disfrutar compartiendo con ellos. Comunicarse bien no es solo para educarlos. Es hacer de la compañía mutua una necesidad personal.

– Trabajar en la educación en normas, límites y el entrenamiento de la voluntad. La afirmación «que disfruten mientras puedan» no es válida, cuando el enfrentamiento con el mundo real los va a conducir a frustrarse todo el tiempo y a veces a padecer inadaptación social de por vida.

-Que aprendan sus derechos desde pequeños y a reclamarlos de modos apropiados. Para eso, la mejor escuela es la propia familia. Al respetar sus derechos, les enseñamos el trato que dignamente merecen.

– Seamos modelos coherentes con las enseñanzas que predicamos. Lo que somos, dejará más huellas en ellos, que lo que les pedimos que hagan o sean.

– Que nuestra preocupación por los bienes materiales sea en la justa medida que garantiza el sustrato material que requiere la vida.

– Estar con ellos, cerca de ellos, y atendiendo sus necesidades psicológicas, es quizás lo más importante. El afecto es el pilar fundamental de un niño feliz.

Foto: tomada de habanaradio.cu

El nuevo Código de las Familias, que será llevado a referendo el venidero septiembre, es importante puntal a la crianza positiva, a los afectos.

Al considerar, por ejemplo, la autonomía progresiva del menor, reconoce la capacidad de este, acorde con su edad, para opinar y ser tomado en cuenta sobre todo cuando se trata de decisiones que tengan que ver con su propia existencia, pequeñas y cotidianas o grandes.

Y tenerles en cuenta desde pequeños es precisamente tributar al futuro de ese individuo que queremos sea igual respetuoso de los otros y de las opiniones ajenas.

Pudiera pensarse que es más fácil prohibir si explicaciones, imponer sin dar motivos, castigar…; pero, a la larga, a quienes se la estamos poniendo difícil es a esos menores que mañana, de adultos, intentarán también prohibir e imponer, incluso a sus coetáneos.

Foto: tomada de unicef.org/cuba

Educar desde el respeto, a partir de la crianza positiva, significa una mayor responsabilidad y un mayor apego a la condición humana, porque a los animales basta con darle una orden, sin explicar.

Pero a los hijos, aun los de poca edad, sí habría que escucharlos y darles participación pues es también ayudarles a crecer desde el punto de vista psicológico. 

No bastan los cuidados solo asistenciales —la atención a su higiene, alimentación…— si, en paralelo, no les alimentamos su autoestima, porque quien no se ama a sí mismo, no puede realmente amar a los otros. 

Autor: Vladia Rubio

Tomado de CubaSí

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