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Un bloqueo que dicen que no existe, ahora cuando es más cruel y encarnizado

Foto: Cubaminrex

En los años de la presidencia de Donald Trump, en Estados Unidos fue muy común ver al excéntrico mandatario hacerse acompañar, lo mismo por dos o tres contrarrevolucionarios cubanos anclados en la Florida, que por similares cifras de políticos, de esos que se han llenado los bolsillos de dólares viviendo de la política anticubana. Así, Marco Rubio y Mario Díaz-Balart lo flanquearon, hace hoy cinco años, cuando el errático Presidente desempolvó la retórica de la Guerra Fría y recrudeció el bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba.

El magnate, desde 2017 hasta el último día de su aferrada estancia en el poder, batió el miserable récord de implementar 243 nuevas medidas económicas contra la Mayor de las Antillas, las mismas que Biden prometió eliminar de inmediato, pero no lo ha hecho.

Es imposible, porque lo niegan, adquirir algún medicamento o aditamento de salud para salvar vidas de niños, se suprimieron las remesas que enviaban los cubanos a sus familiares en la Isla, y se cortó totalmente el arribo de cruceros con turistas, entre otras acciones dirigidas, expresamente, a asfixiar al pueblo cubano.

Ya de salida de la Casa Blanca, Trump firmó una de sus últimas sanciones inhumanas, la inclusión del archipiélago en la lista de países patrocinadores del terrorismo, la peor de las patrañas.

Prohibió el turismo de sus conciudadanos en Cuba, creando la Lista de Alojamientos Prohibidos, que incluyó a 422 hoteles y casas de renta. La persecución contra los buques con petróleo para el país y las llamadas «listas negras» que elaboraron contra entidades del comercio, el turismo y otras, son ejemplos claros del genocidio contra nuestra población.

Las 243 sanciones, al igual que otras del bloqueo, el Presidente de Estados Unidos puede revertirlas de manera inmediata, pero no lo hace porque sigue el mismo camino iniciado por aquel criminal memorando de 1960, de Lester Mallory, de matar por hambre y descontento a Cuba, de culpar al Gobierno cubano de los males que la potencia imperial genera; el mismo seguido durante 13 administraciones, pasando por la agresividad de Ronald Reagan o los tres días para asesinar que pidió la mafia anticubana.

En las últimas semanas, Joe Biden ha aprobado tenues modificaciones a algunas medidas que, aunque en la dirección correcta, son de limitado alcance. Este jueves, 26 congresistas demócratas lo instaron a suavizar las sanciones contra la Isla.

Si allí, donde es letra de ley, se reconoce cuánto daño ha hecho al pueblo cubano la política de cerco económico, y cuánto urge levantar la cobarde norma –vergüenza para un imperio, y prueba de su impotencia ante la ínsula pequeña que resiste–, dan pena, de tan burdos e ignorantes, los que aún dicen que el bloqueo no existe.

Autor: Elson Concepción Pérez | internet@granma.cu

Tomado de Granma

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