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Defender a Cuba es defender un proyecto de dignidad humana

El activista Manolo de los Santos visitó recientemente el país para conocer de cerca la realidad del pueblo cubano. Foto: Ariel Cecilio Lemus

Decidirse a defender la realidad cubana fue un camino complejo y simple a la vez. Para los jóvenes de su generación, que luchaban en las calles de Estados Unidos por los derechos de las minorías, Cuba siempre fue una gran referencia.

Manolo de los Santos es un joven afrodescendiente, soñador, luchador por las causas justas, y siente un amor inmenso por esta isla del Caribe. Desde muy pequeño se vinculó a movimientos sociales hasta llegar a fundar The People´s Forum, una organización que defiende la clase trabajadora y las comunidades marginadas.

Sus padres fueron los primeros en inculcarle el respeto por Cuba y lo que ella significa para los pueblos de América Latina y el Caribe. «Recuerdo que, en los momentos difíciles de nuestra región, Cuba siempre estuvo del lado de los pueblos, nunca dejó de ser responsable con su deber internacionalista de acompañar nuestras luchas», confesó a este diario.

Su segunda fuente de inspiración fue Lucius Walker, ese amigo al que siempre recordamos con cariño. Con el creador de Pastores por la Paz, y tan solo 15 años de edad, viajó en caravanas por todo Estados Unidos, recogiendo ayuda humanitaria para nuestro país. Revela que aquellos viajes representaban un proyecto de desafío contra el imperio estadounidense.

De la mano de Lucius Walker viajó varias veces a la Mayor de las Antillas, y fue así que aprendió lo que significa la solidaridad verdadera, que no pide nada a cambio.

«Mis padres y Lucius fueron la gran escuela para entender la necesidad de actuar. No queremos imaginar un mundo donde la dignidad de Cuba, su filosofía de firmeza y su amor no estén presentes», declaró el activista.

Hoy, con más experiencia y con la responsabilidad de desempeñarse como Coordinador Ejecutivo de The People’s Forum, para Manolo de los Santos defender Cuba no es defender una realidad o un concepto abstracto, es defender un proyecto de dignidad humana que va más allá de nuestras propias fronteras.

«Es defender todo un proyecto de liberar a la humanidad, que todos podamos vivir con un sentido de justicia en nuestro planeta, que tanto sufre de la crueldad de los imperios», comentó a Granma.

Para él, luchar por Cuba ha resultado una gran escuela, y ese encuentro con nuestra realidad le ha permitido entender, también, la situación de otros pueblos que están en lucha, como el palestino o el saharaui. «Cuba sigue siendo punto de motivación para las luchas de otros pueblos, y también desde Estados Unidos».

Manolo de los Santos viajó a la Isla, a inicios de este año, con un cargamento solidario de 15 000 libras de leche en polvo; ha hecho pública su posición de apoyo al proceso revolucionario y de rechazo al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos –tanto en escenarios tradicionales como en las redes digitales–; en el contexto de la Cumbre de los Pueblos facilitó la presencia de la verdadera sociedad civil cubana, y se paseó por las calles de Los Ángeles con un gran cartel que decía algo claro: Biden, deja a Cuba vivir. Cada una de esas acciones conlleva una valentía y un compromiso difíciles de describir.  

Considera que, actualmente, existen muchos retos para el activismo político en Estados Unidos, y en particular hacia Cuba, sobre todo, por la polarización política en esa nación norteña.

«Los gobernantes van cada vez más hacia una derecha que tiende a ser extremista y que se basa en ideas supremacistas blancas y profundamente racistas. Hoy los espacios de la solidaridad luchan contra esa derecha por los derechos más básicos dentro de Estados Unidos, como los derechos de los trabajadores y las mujeres, el derecho al aborto, el cuidado del medio ambiente, y esos reclamos tienen mucho que ver con la defensa de Cuba, porque ¿qué otro país personifica, en 11 millones de personas, estas luchas?», se preguntó.

«El proyecto por el que nosotros luchamos en Estados Unidos busca defender al planeta y a la humanidad.

Es sumamente importante unir estas causas, y cada vez más los que luchan por estas causas dentro de Estados Unidos se hacen parte de un gran movimiento por dejar que Cuba pueda vivir», añadió.

En este empeño, los desafíos son muchos. Desde su punto de vista, es necesario repensar cómo seguir uniendo jóvenes a las causas solidarias.

«Estados Unidos no solo sanciona y bloquea, sino que limita, por todas las vías posibles, que puedan darse diálogos directos entre jóvenes cubanos y estadounidenses. Este es un gran reto, por eso hay que ir creando nuevas avenidas, para que aun en los peores momentos de las relaciones bilaterales se mantengan lazos de comunicación entre nuestros pueblos. Tenemos que pensar juntos qué futuro queremos para nuestro planeta», recalcó.

En su opinión, los movimientos populares dentro de Estados Unidos tienen mucho que aportar al proceso de normalización en las relaciones entre las dos naciones. Sugiere, además, que ante las incertidumbres de las decisiones que pueda tomar el actual presidente estadounidense, Joe Biden, o una nueva administración –que puede ser de extrema derecha–, es imprescindible establecer canales de comunicación que estén centrados en las relaciones pueblo a pueblo.

«Lo más importante es que nuestros pueblos se conozcan, que las personas en Estados Unidos pierdan todo sentido de agitación o miedo cuando tengan que hablar de Cuba, que puedan ver con sus propios ojos la realidad del pueblo cubano. Y desde un sentido de responsabilidad, querer construir juntos cosas nuevas, no solamente desde un proyecto de izquierda, diría más bien humanista», fundamentó.

Él mismo se describe como una persona soñadora, que se despierta cada día pensando en qué más puede hacer, imaginando un mundo diferente donde realmente podamos construir nuestros sueños, entre ellos: que jóvenes de ambos países organicen y coordinen juntos proyectos que ayuden a la humanidad.

En el futuro, su activismo hacia Cuba estará enfocado, justamente, en seguir uniendo jóvenes de ambos países en actividades políticas, culturales y sociales. 

Al final de la conversación reiteró que Cuba es una gran inspiración, no por ser un país perfecto, sino por demostrar que era posible luchar contra un imperio, contra una potencia mayor.

Queda claro que ese amor, respeto y admiración que siente por esta isla del Caribe lo harán volver una y otra vez. La visita reciente a Cuba no será la última de Manolo de los Santos.

Autor: Milagros Pichardo | internacionales@granma.cu

Tomado de Granma

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